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De fábrica a cuartel, y de cuartel a facultad: el pasado de la antigua Facultad de Derecho

Hoy se ha celebrado la reapertura de la fachada oriental de la Fábrica de Tabacos

18-06-2025

Hoy es el núcleo de la Universidad de Sevilla. Sus muros albergan aulas, bibliotecas, despachos y espacios de encuentro académico. Pero durante más de dos siglos, el imponente edificio de la antigua Fábrica de Tabacos ha conocido múltiples vidas: nació como emblema industrial del siglo XVIII, cohabitó con un cuartel militar en el XIX y, finalmente, se transformó en sede universitaria a partir de mediados del siglo XX. Cada uno de estos usos ha dejado su huella en el edificio, no sólo en su función, sino en su estructura, su distribución espacial y en la relación que mantiene con la ciudad.

La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla fue una de las mayores construcciones industriales de su tiempo en Europa. Concebida para albergar todo el proceso de manufactura del tabaco, tuvo espacios destinados al empleo de fuerza motriz y manual, secadero, almacenamiento o vigilancia. Su planta cerrada, sus patios amplios y su perímetro murado dan cuenta de su funcionalidad productiva y de control.

Sin embargo, a finales del siglo XIX, una parte del edificio industrial pasó a tener un nuevo uso. En 1880, tras diversos intentos frustrados por parte del Estado de construir un nuevo cuartel para el Regimiento Montado de Artillería en el prado de San Sebastián, el Ayuntamiento de Sevilla propuso una solución provisional: alojar a la unidad militar en una parte del edificio de la fábrica de tabacos.

La adaptación de un tercio del edificio fabril a usos militares supuso una transformación arquitectónica de gran calado que cambió su fisonomía interna. Se segregó completamente la zona oriental mediante la construcción de tapias interiores, el cegado de galerías y la división de la azotea. Igualmente, se habilitaron accesos independientes, como un puente sobre el foso y una nueva puerta en la fachada este abierta al prado de San Sebastián, alterando la relación histórica del edificio con la ciudad. La zona que hasta entonces había dado la espalda al prado pasó a integrarse progresivamente en el tejido urbano de extramuros gracias a estas nuevas entradas y a las intervenciones urbanísticas paralelas como el paseo de Catalina de Ribera o la llegada del ferrocarril.

Aunque en origen se concibió como solución temporal, el uso militar se prolongó durante casi setenta años. El cuartel, popularmente conocido como “el foso”, se convirtió en una pieza más del paisaje militar sevillano. A pesar de que en 1929 se terminó la construcción del cuartel definitivo en Pineda, el ejército siguió usando el inmueble para distintos cuerpos, hasta su retirada definitiva el 16 de septiembre de 1950.

Ello coincidió con otra transformación clave: el traslado de la Universidad de Sevilla desde su sede histórica en la calle Laraña a la antigua fábrica. Este proceso, iniciado en 1950, supuso una de las mayores intervenciones arquitectónicas sobre el inmueble desde su construcción.

La transición no fue inmediata. Durante más de una década, coexistieron en el edificio usos académicos, fabriles y residuales militares. Las obras se adaptaron a esta convivencia forzosa: se tabicaron los interiores que una vez más impedían una correcta lectura unitaria del edificio.

El proyecto de transformación del arquitecto Antonio Illanes del Río fue ambicioso. Diseñó un plan que reconfiguraba radicalmente la distribución interior, introduciendo más patios y reorientando la circulación interior apoyándose más en vestíbulos que en corredores lineales. Con el nombramiento de la Junta de Obras en julio de 1950, la Universidad ganó autonomía para gestionar los recursos necesarios para su traslado. Se aprobaron por fases los proyectos de nuevas facultades, como Derecho y Ciencias, aunque su ejecución dependía del ritmo del desalojo de Tabacalera.

La Facultad de Derecho fue una de las primeras en establecerse en el nuevo edificio universitario. El proyecto original fue obra de Illanes, pero tras su dimisión en diciembre de 1950, fueron Antonio Delgado y Alberto Balbontín quienes asumieron la dirección. Ambas facultades, Derecho y Filosofía, se concibieron como simétricas, con patios centrales inspirados en el del Archivo de Indias y en el del propio edificio original. El acceso principal de Derecho se consolidó sobre la entrada militar ya existente, ampliando el puente sobre el foso y creando un vestíbulo monumental con escaleras, siguiendo el modelo del ingreso principal del edificio.

La Facultad fue inaugurada oficialmente el 4 de abril de 1954, aunque aún quedaba una parte importante por completar. No sería hasta 1964 cuando se aprobó un “proyecto de terminación”, que culminó finalmente en 1972. En 2009, la facultad de Derecho se trasladó a un nuevo edificio en el campus de Ramón y Cajal. Hoy, 18 de junio de 2025, se inicia una nueva etapa tras la nueva apertura de este espacio recientemente rehabilitado.

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