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Objetos Individuales
Tabaquera para tabaco rapé en porcelana con eruditos y paisaje
Desconocido
Technical Datasheet
Tabaquera de forma cilíndrica realizada en porcelana pintada en azul cobalto sobre fondo blanco. El tapón es de vidrio y la cucharilla de madera. La decoración que la misma presenta se enmarca en la tipología de figuras en paisajes. Las figuras humanas se representan generalmente entre montañas y aguas para sugerir que el paisaje representado es adecuado como un lugar para que los seres humanos lleven una vida recluida. Por esta razón, las figuras humanas pueden estar salpicadas en la pintura para resaltar el sentido de refugio que ofrece el paisaje, que se concibe como ideal para alejarse del ajetreo y el bullicio del mundo secular. En la dinastía Song, las figuras en los paisajes se representaban de manera realista, mientras que en la dinastía Ming, el estilo de la representación se diversificó en representaciones diferentes. Independientemente de la época, sin embargo, el requisito de básico para representar figuras complementarias ha sido su sintonía con el ambiente escénico. La disposición de las figuras humanas, así como las diversas posturas dinámicas y estáticas para sus respectivas actividades, deben connotar una sensación de comunión que tiene lugar entre los seres humanos y el entorno natural para lograr la armonía y la unidad con la escena representada. Las figuras en un contexto paisajístico a menudo se representan a una escala diminuta de tal manera que sus expresiones e incluso rasgos físicos, a veces pueden ser indistinguibles. De igual modo, existen pinturas paisajistas que no se complementan con figuras humanas.
En el caso de esta pieza, observamos dos representaciones masculinas que se corresponden con la figura del intelectual o erudito, uno de los cuatro tipos que suele representarse comúnmente en las pinturas de paisajes junto con el pescador, el leñador y el agricultor. Pueden tratarse bien de dos eruditos, o bien de un erudito y su servidor. La presencia de intelectuales en una pintura de paisaje, la impregna con una atmósfera erudita y realza la impresión de la comunión humana con la naturaleza. La figura del intelectual se retrata en posturas muy diferentes y participa en distintas actividades como pasear, estar solo, sentarse tranquilamente o descansar, comunicándose con amigos mientras bebe té o vino, apreciando piezas de arte en reuniones de literatos, tocando un instrumento musical, o simplemente en solitario, dedicado a la contemplación del paisaje. Como los intelectuales eran muy apreciados en la sociedad china tradicional, su apariencia facial es representada con una expresión tranquila y digna. La decoración de la pieza se completa con formaciones vegetales y rocosas que conforman el paisaje del jardín representado. El cuello aparece decorado con la representación de cinco murciélagos. En la base tiene una inscripción caligráfica que puede corresponderse con la firma del autor o del taller en el que fue realizada la pieza.
La porcelana es uno de los materiales más característicos de China, compuesta por dos elementos, uno fusible, el caolín, y otro infusible, el petuntse. El gran periodo de desarrollo de esta técnica se centra entre las dinastias Quianlong, Jiaqing y Daoguang (1736-1850). Existen gran variedad de modelos, desde los más sencillos con decoración monocroma, hasta los decorados con relieves y esmaltados.
Estos utensilios, surgidos hacia 1650 y popularizados en el siglo XIX, eran utilizados para llevar el tabaco rapé, nombre tomado en Francia para designar una labor de tabaco rallado que solía ser aspirado, en lugar de fumado, como era costumbre en los países americanos.
La llegada del tabaco a Europa coindice con la llegada de los colonos españoles y portugueses a América, que durante su contacto con la población indígena descubrieron que los indios fumaban unas hojas envueltas y enrolladas en unos cáñamos, y decidieron llevar esa preciada planta al viejo continente. Sus primeros usos se asociaron a la medicina, gracias a las propiedades expectorantes, estimulantes y diuréticas que ofrecía este producto. Llegaron incluso a publicarse textos sobre los beneficios y cualidades podía aportar el tabaco. Pronto pasó a ser consumido como producto placentero, desarrollándose toda una liturgia en torno al proceso. Aunque en España se mantuvo la costumbre de consumirlo fumado, el resto de Europa prefirió el tabaco en polvo. No hay que confundir esta labor con el tabaco rapé, desarrollado y popularizado en Francia, Holanda y Alemania. A diferencia del tabaco en polvo, el rapé es el tabaco rallado, que requiere de un proceso distinto para su selección, elaboración y fermentación.
Sin embargo, la costumbre de aspirar tabaco ya fuese rapé o polvo, fue una costumbre que a finales del siglo XVII se había convertido en una verdadera liturgia, normalmente practicada por los cortesanos y cortesanas. En 1735 se llegó a prohibir su consumo en España, pues suponía una competencia para la Real Hacienda, ya que esta contaba con el monopolio del comercio de tabaco en España. Esta prohibición continuó hasta finales de siglo, cuando se permitió la fabricación de rapé en España; únicamente en Sevilla. No obstante, el tabaco en polvo sí se fabricó con éxito en España, especialmente en Sevilla, donde se abrió una fábrica para la elaboración del mismo, el cual alcanzó importante renombre internacional.
A finales del siglo XVI y durante el XVII, los comerciantes y misioneros provenientes de Portugal y España introdujeron en China esa costumbre de aspirar tabaco. Inicialmente se reservó a la corte vinculada al círculo cercano del Emperador. Por esta razón, los artesanos buscaron la forma de aislar y preservar el polvo de tabaco de la humedad, elaborando las tabaqueras como piezas artísticas de gran valor, que gracias a sus formas y la suavidad de su acabado ofrecían a los usuarios una experiencia visual y táctil, como parte del ritual de fumar. En el proceso de realización, el vaciado interior debía asegurar unas paredes finas y regulares en la tabaquera, uno de los indicadores de valor de la pieza.
La comercialización de estas piezas tuvo su máximo esplendor durante el siglo XVIII, gracias a los intercambios entre Asia y Europa. Ya en el siglo XIX, la producción se especializó en industrias como las factorías de Jundezhen, que destacaban por las tabaqueras de porcelana. Se realizaban también en vidrio y piedra.
La decoración de estas cajas suele aludir a las diferentes religiones o filosofías chinas como el Budismo, el Taoísmo y el Confucionismo. Durante el siglo XIX comenzaron a decorarse en su interior. En cuanto a los materiales, los más utilizados para realizar estas cajitas eran jade, calcedonia, ágata, malaquita, cristal, marfil, etc. Todos típicos en el uso del arte oriental.
Habitualmente, las tabaqueras se llevaban junto a otros utensilios, en una bolsa de tela con motivos marinos y una cinta naranja adornada con hilo dorado. Éstas se llevaban colgadas del cinturón, y mantienen esa alusión al círculo imperial, pues el color naranja se reservaba a los familiares directos del Emperador.
En la corte francesa, el rapé se popularizó entre la aristocracia, que prefería inhalar el tabaco a fumarlo. Al igual que en china, se portaban en exquisitas tabaqueras artísticamente decoradas. También lo usaban como pretexto para ausentarse durante un rato y encontrarse con sus amantes. De ahí la expresión “echar un polvo” como sinónimo de coito rápido.
Durante el reinado de Luis XIV, estos exquisitos objetos se mostraban tímidamente, debido al desprecio que el monarca mostraba hacia el tabaco. Sin embargo, tras su muerte, las cajitas de rapé hicieron su aparición oficial y se convirtieron en el objeto de moda del momento. Al igual que en China, los orfebres parisinos desarrollaron todo un ritual respecto a la fabricación de estas pequeñas obras de arte que formarían a ser parte de la vida cotidiana como elemento distintivo en sociedad.
Las cajitas de rapé francesas respondían al estilo Barroco y más tarde Rococó, aunque fueron evolucionando en formas y ornamentos, al igual que lo hicieron en China. En Francia existían tres tipos principales:
- Tabaqueras de oro macizo con decoración burilada.
- “Plaines”, en las que el oro se enriquecía con esmaltes, piedras y otros materiales.
- “De jaula”: eran aquellas construidas con una cantonera de oro, que a modo de “esqueleto”, se completaba con diferentes materiales, tan variados como en oriente: nácar, piedras, porcelana, laca, conchas…
Al igual que en otros ámbitos, la escala social y las diferencias de clase se hacían notar en el consumo de tabaco. Frente a las lujosas tabaqueras y cajas de cigarros puros, la gente menos pudiente se dedicaba a recolectar las colillas sobrantes, las picaban y las envolvían en papel u hojas de maíz, siendo este el origen de los cigarrillos, que James Buchanan Duke expandiría como nuevo elemento de consumo gracias a la mecanización y la publicidad (ARÍS (2010), p.16).
Durante el siglo XIX, y tras la revolución de 1848, en algunos países como Alemania se autoriza fumar en las calles, por lo que el rapé deja de tener ese halo de exclusividad, y son los puros los que pasan a convertirse en el elemento exclusivo de la burguesía.
Las partes principales de una tabaquera son: tapón, anilla, corcho, cucharilla, boca, cuello, hombros, lateral y base.
NºCatalogue
FALT895
Author/s
Typology
Chronology
1644 - 1911
Technique
Materials
Location
Dimensions
8,5x3x3 cm
