Patrimonio Histórico Artístico US
     
Español
English

Artwork catalogue

Arquitectura

Pabellón de México

El edificio se sitúa en el extremo Sur del Parque de María Luisa, en una posición retrasada respecto al paseo de las Delicias, lo que permite la presencia de abundante vegetación. La presencia del edificio en este contexto queda determinada por su composición en planta, derivada de la satisfacción de los requisitos funcionales que planteaba su uso original como pabellón de exposición, si bien cargada de connotaciones simbólicas. Ésta consiste en una cruz griega, girada 45º respecto de su orientación ortogonal al paseo de las Delicias, en cuyos brazos se situaban las diáfanas salas de exposición. A la planta en cruz griega se superpone, compartiendo centro, un volumen de planta cuadrada, en el que se situaban los elementos de uso común, como son el vestíbulo de acceso y las comunicaciones verticales, y estancias más menudas, como son los aseos y espacio de oficinas.

El edificio, de dos plantas de altura más semisótano, ofrece su acceso principal hacia el paseo de las Delicias, a través de un pórtico situado en la concavidad de dos de los brazos de la “X”, y en una esquina del volumen cuadrado superpuesto. A través de ese pórtico se accede a un vestíbulo, que antecede a un espacio diáfano central, de doble altura y planta octogonal, en torno al cual se organiza programáticamente el edificio. Continuando este recorrido lineal, en el lado opuesto al vestíbulo encontramos la escalera principal, de tres tramos, que relaciona los dos niveles del edificio. La incorporación de los usos administrativos que se produce en la reciente adaptación aprovecha las ventajas de la diafanidad del espacio de las cuatro salas de exposición que se alojan en los brazos de la “X” en cada planta.

El giro de 45º supone, en planta, su lectura como una “X” característica de la ortografía del nombre del país, guiño simbólico que es el punto de arranque de todo un repertorio de lenguaje de la arquitectura maya y tolteca, que hacen del edificio un ejemplo de la condición de “obra de arte total” de la arquitectura. Estas muestras se hacían extensivas a la incorporación de la escultura, tanto en las fachadas como en relieves situados en el interior del edificio, como a las pinturas murales, que decoraban las paredes interiores del edificio hasta su eliminación en la reforma como instituto de maternidad.

La fachada queda marcada por la superposición de diferentes niveles de decoración por planta. El semisótano se construye como un zócalo de piedra natural, en el que se distingue una leve decoración en grecas talladas. La planta baja aparece lisa, revocada y pintada en color anaranjado, con decoración geométrica tolteca pintada en blanco y recercando los huecos, de proporción cuadrada, por su parte inferior. La transición a la planta primera se realiza a través de una cornisa decorada con sarape, sobre la cual los vanos se convierten en huecos triples, típicos de la arquitectura del conjunto de Sayil de Yucatán, de la que replica de manera prácticamente literal su decoración. El edificio queda rematado por la presencia, en el ático, de dos miradores, a Este y Oeste, que imitan la silueta y proporciones de las primitivas cabañas que aparecen en el palacio de los Tigres de Chichen Itzá.

La mayor carga simbólica se concentra en la puerta de entrada al edificio, que se eleva respecto del nivel de la calle y queda resaltada por la presencia de una escalinata. Esta entrada queda marcada por la presencia de dos columnas toltecas que sostienen el arquitrabe de la fachada principal, serpientes geometrizadas que flanquean una interesante puerta de cerrajería de composición basada en una malla cuadrada, en la que se marcan, en análoga intención simbólica, las diagonales a 45º.

Sobre el arquitrabe en planta primera, el escudo de México tallado en relieve en piedra, que queda flanqueado por serpientes aladas, adaptadas a la traza rectangular del tímpano. Sobre el escudo, separado por una moldura de cornisa, la rotulación del pabellón “MEXICO”, también tallada en relieve sobre la piedra. Sobre una nueva moldura de cornisa en la transición desde este rótulo hacia el nivel del ático, una composición escalonada en relieve corona la entrada. A ambos lados de la misma, dos esculturas reproducen fielmente los chacmool encontrados en las ruinas de Chichen Itzá, cuyos originales se encuentran en los museos Arqueológico de Mérida y Nacional de México capital. Espacial interés tiene la fuente del jardín del pabellón, situada en la fachada trasera, por su singular composición.

El espacio interior de mayor significación es el espacio central, de doble altura y planta octogonal, al que se asoman todas las dependencias del conjunto. La planta primera se asoma a este espacio a través de una galería, sostenida a través de vigas de hormigón armado. Esa galería cuenta con la barandilla original de cerrajería de forja, entre machones en esquina que en el edificio original servían de arranque a las columnas que sostenían los arcos, hoy día desaparecidos. La cubierta del octógono central se resuelve mediante vigas de descuelgue de hormigón armado que unen entre sí lados opuestos, dibujando de nuevo la “X” característica del edificio.

Entre las vigas, se resuelve la iluminación cenital de este espacio mediante lucernarios. En la linterna se completa la introducción de luz a través de cuatro óculos, así como de ventanas de pequeñas dimensiones cerradas con vidrios de color. El efecto resultante es de una gran luminosidad.

NºCatálogo

1624

Tipología

Arquitectura

Cronología

1927 - 1928

Dimensiones

3000 metros cuadrados

Ver más

Fondo

Sin fondo