Ficha Técnica
La escultura representa a la Virgen de Belén, imagen de la Virgen María sedente con el Niño Jesús sobre sus rodillas. La composición responde a un modelo desarrollado por Pietro Torrigiano en Sevilla durante el primer tercio del siglo XVI, del que se conserva un ejemplar en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, procedente del antiguo monasterio de San Jerónimo de Buenavista.
La pieza de la Capilla Universitaria, tradicionalmente atribuida a Torrigiano y considerada asimismo obra de su círculo, reproduce estrechamente este modelo. La Virgen aparece sentada frontalmente, con una actitud serena y contenida. Viste una larga túnica y un amplio manto que cubre parcialmente su cuerpo y cae formando abundantes pliegues sobre las piernas y el asiento. Sobre la cabeza porta una toca o velo, bajo el que asoma el cabello, enmarcando un rostro juvenil de facciones delicadas y expresión ensimismada. La Virgen inclina ligeramente la cabeza hacia el Niño, estableciendo entre ambos una relación afectiva que, pese a su carácter solemne, introduce una dimensión humana y maternal en la representación. El Niño Jesús, representado desnudo, descansa transversalmente sobre las piernas de su madre. Su cuerpo infantil, de formas redondeadas y anatomía suavemente modelada, contrasta con la verticalidad y mayor estabilidad de la figura mariana. La posición del pequeño, que vuelve el rostro hacia su madre, establece un diálogo visual y corporal que rompe parcialmente la frontalidad de la composición. El tratamiento naturalista del cuerpo infantil y la interacción entre ambos personajes constituyen algunos de los rasgos que aproximan la obra al nuevo lenguaje renacentista.
Uno de los elementos más significativos de la composición es la monumentalidad de la figura de María, conseguida mediante la disposición compacta de su cuerpo y la amplitud de los paños. La pierna sobre la que se apoya el Niño y el tratamiento de los pliegues introducen un sutil movimiento que evita el completo hieratismo de la imagen. Esta característica resulta especialmente relevante al compararla con la Virgen de Belén de Pietro Torrigiano conservada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, fechada hacia 1525. En esta última, la disposición sedente y el juego de la pierna apoyada sobre cojines generan igualmente un movimiento que rompe la frontalidad, al tiempo que la concepción monumental y solemne de María constituye una de las novedades introducidas por Torrigiano en la escultura sevillana.
Desde el punto de vista técnico y material, se trata de una escultura de bulto redondo modelada en terracota y policromada, una técnica que Torrigiano empleó de manera destacada durante su estancia sevillana y que contaba con una importante tradición tanto en Italia como en el ámbito hispalense. El barro cocido permite apreciar especialmente la plasticidad de los volúmenes y el tratamiento de los pliegues, mientras que la policromía contribuye a diferenciar las distintas superficies y a reforzar la presencia corpórea de las figuras.
La obra presenta una composición cerrada y estable, dominada por el eje vertical de la Virgen y equilibrada por la disposición horizontal del Niño. Los amplios paños del manto generan una sucesión de volúmenes y pliegues que dotan a la figura de una notable solidez. La expresión serena de María, la suavidad del modelado de las carnaciones y la relación íntima con el Niño configuran una imagen de marcada solemnidad renacentista, alejada del mayor hieratismo de las representaciones tardogóticas.
Técnica: La escultura está modelada en terracota y vaciada en su interior, como muestran las dos oquedades existentes en el reverso. Aunque no disponemos de resultados analíticos que nos indiquen la materialidad del conjunto pictórico, se puede presuponer su praxis operativa: la pintura se aplica sobre una capa aislante o tapaporos que facilita su agarre y adhesión sobre la que se ejecuta la policromía con la técnica del óleo mediante colores planos, como ocurre en el vestido blanco rosado, la camisa, el velo blanco, el manto azul de la Virgen, el marrón del cojín o los zapatos. Las carnaciones, por el contrario, están más moduladas, apreciándose sobre la base rosada los realces en los rubores de los pómulos de ambos personajes, la apertura de los ojos o los labios encarnados.
Los efectos plásticos empleados por el artista son básicamente los que aporta la propia pincelada plana en los tonos de tinta única de la figura, así como los degradados y matizados de las carnaciones. El volumen se consigue mediante el modelado de base de ambas figuras.
Estado de conservación: La escultura se presenta estable tras el tratamiento de conservación realizado, consistente en una limpieza de depósitos superficiales, la fijación de pequeños elementos desprendidos en la base, y su posterior estucado y reintegración cromática. No obstante, se observan craquelados naturales estables de diversa morfología y entidad, fruto de su evolución temporal, así como suciedad de naturaleza grasa, más evidente en las áreas de carne, procedente del humo, hollín y demás sustancias aromáticas derivadas del culto. Si bien estos factores no afectan a la pieza desde el punto de vista conservativo, sí desvirtúan su percepción y correcta lectura
Bibliografía:
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Falcón, T., Bernales, J. et alii., Patrimonio artístico y monumental de las universidades andaluzas. (Sevilla, 1992).
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Falcón Márquez, T., et alii., Universidad de Sevilla. Patrimonio monumental y artístico. (Sevilla, 1986).
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Falcón, T. [com.], Morón de Castro, M.F. [subcom.], Universitas Hispalensis. El patrimonio de la Universidad de Sevilla.Catálogo de la Exposición (Universidad de Sevilla, Sevilla, 1995).
