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Sevilla, 22 de noviembre de 1583 - Madrid, 8 de agosto de 1659
La condición de su familia, humilde y numerosa, no supuso impedimento para que un niño con genio despierto y afán por estudiar, consiguiera valedores para desarrollar su educación. Estudió jurisprudencia, se ordenó sacerdote y ocupó un puesto en el cabildo catedralicio de Sevilla.
En su faceta como literato, combina una capacidad sumamente racional para la escritura, y una enorme pasión cuidada y armónica. Le llamaban “el poeta de las flores” por sus poesías dedicadas a estas plantas, y su especial comparativa con la fugacidad de la vida humana y del amor. También escribió poemas al río Guadalquivir, o a las ruinas de Itálica; la naturaleza y las ruinas eran temas recurrentes en los poetas de la escuela sevillana.
Además de cultivar amistades dentro del ámbito literario como Lope de Vega, Juan Pérez de Montalbán, e incluso Miguel de Cervantes, llegó a entablar una profunda amistad con el Conde-Duque de Olivares, al que dedicó varias prosas y acompañó en su destierro por Felipe IV, del que Rioja fue bibliotecario.
A la muerte del Conde-Duque, volvió a Sevilla, desengañado de las fortunas de la corte, viviendo un largo periodo en el anonimato. Poco después de retomar su ocupación como canónigo en la Catedral hispalense, fue enviado como agente a Madrid, donde pasó el resto de su vida hasta su muerte.
Dejó como legado grandes e íntimos poemas, como “Pura, encendida rosa”, en el que se descubre como un hombre profundamente consciente de la brevedad de la existencia y de la fortuna. Según Unamuno, uno de esos hombres de los que Sevilla andaba “sobrada”.
NºCatalogue
0870-00-REC-PINT
Author/s
Typology
Chronology
1870
Style
Materials
Dimensions
99 x 86 cm
Source
Universidad. Calle Laraña. Biblioteca
Collection
Form of entry
Fecha de ingreso
01-01-1870
